Sabes de eso que te pones a pensar y no recuerdas la mitad de las cosas? Pues eso es lo que me pasa.
Ya no soy capaz de recordar la última noche que dormí del tirón, sin despertarme ni una sola vez, la última noche que me acosté sin llorar, la última noche en la que realmente descansé.
No, no soy capaz de recordarlo, tal vez porqué de eso ya hace mucho, porque no hay ni una sola noche que me tumbe en la cama y no piense en coger una cuchilla y echarlo todo a perder, ya no hay noche en la que me acueste sin pelearme con la almohada, y es que, por bien y genial que haya sido el día, me da el bajón nocturno, aunque a estas alturas ya es una rutina diaria más.
El tiempo pasa, la vida cambia y nosotros con ella. Si te paras a pensar, no eres la misma persona que hace 1 semana, ni de hace 1 mes, ni de hace 1 año. Cada día que pasa, aprendemos cosas nuevas, cometemos errores, y con ellos crecemos día a día.
Sinceramente, hace tiempo que no tengo esa sensación de hacer algo bien, de haber aprendido algo que realmente valga la pena para un futuro, al revés, siento que voy para atrás, como los cangrejos, y supongo que todo es culpa de lo mismo, de esta puta mierda que no me deja disfrutar.
Sé, y estoy más que segura, que si no fuera por todo esto, habría hecho todas esas cosas que tanto deseo, y hubiera disfrutado más de todos y cada uno de los momentos.
Este verano, iba a ser el 'Super verano' pero no. De ser un verano en el que no iba a parar en casa, ha pasado a ser un verano del que no he salido casi de casa. No tengo esa fuerza de voluntad para ir a la playa, ni mucho menos a la piscina. No siento esa necesidad, ni alegría de salir. No quiero cruzarme a gente por la calle y que me vean.
Ir a la playa, para mi, se hace un suplicio, es pensar en que me tengo que quitar la ropa y se me cae todo encima. El asco/odio que tengo este año hacía mi, nunca he llegado a tenerlo, no tan grande. Es llegar a la playa y agobiarme, es quitarme la camiseta y correr hacia el agua para que nadie me vea, ni a mi ni a mis cicatrices.
Y es que cuando cojo la cuchilla y la paseo por mi piel, rozando poco a poco, sintiendo el alivio del odio, el placer del dolor. Mucha gente piensa que te haces más daño con las cuchillas, pero no, eso no es así. Las cuchillas tan solo te ayudan a evadirte del dolor mental que te causas tu misma, te ayuda a salir de ese infierno por ti misma durante unos segundos.
Ojalá nadie llegara a tener esa necesidad de hacerlo, porque una vez que empiezas, no paras. Es como una droga. Es una puta adicción. Una mala y mortal adicción.
Este año, lo único que se salva, es que le tengo a él, y poco a poco puedo ir saliendo de esto, no por mi, sino por él, porque se lo prometí. Se que me costará, pero lo intentaré. Lo conseguiré.
Y después de todo esto, toca acostarse para adorar el techo, intentando no coger la cuchilla.
Buenas noches, pequeñ@s.