Estaba ahí, sentado, en un muro con sus colegas en plena noche. Ese era el momento perfecto. Decido acercarme, necesitaba hablar con él, decirle todo lo que sentía, y cuando volví a abrir los ojos ya estaba enfrente de él.
Nos fuimos a pasear los dos juntos. Se me empezó a acercar mientras le miraba tímidamente. Y de golpe nos paramos, ahí estábamos, sin saber como, en el portal de su casa y decidimos subir y así poder hablar tranquilamente, sin nadie de quien escondernos.
Subimos. Abre la puerta de su casa. Y ahí estábamos, el y yo, a solas, sin nadie de por medio, tal y como le pedí. Nos sentamos en el sofá y comencé a decirle todo lo que sentía, poco a poco, con voz vergonzosa. Por cada palabra que salía de mi boca mi corazón se paraba mientras esperaba su reacción pero no hubo respuesta alguna a todas aquellas palabras llenas de sentimiento que salieron directas de mi corazón.
Decidí irme, puesto que ya no tenía nada que hacer ni decir, quedó claro que él no sentía nada igual respecto a mi, y yo allí ya no sabía que hacer, así que me levanté, me giré y le dije Adiós con voz temblorosa... ( CONTINUARÁ )
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